El efecto fénix: el resurgir de las cenizas

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Cualquier persona está expuesta a la posibilidad de experimentar algún suceso traumático a lo largo de su vida. No obstante, pese a todo el sufrimiento y dolor que lo acompaña, ¿hay algo que podamos aprender al respecto?

¿Toda crisis emocional o acontecimiento aversivo es necesariamente negativo?

El mundo en el que vivimos hace que diariamente nos veamos inmersos en un ambiente donde no estamos libres de poder sufrir algún tipo de enfermedad, accidente, catástrofe natural, atentado terrorista, episodio de violencia/acoso/abuso, alguna situación de pérdida (ser querido, aborto…), etc. ¿Podemos, de alguna forma, fortalecernos con la vivencia de estos episodios?

Michael J. Fox, actor norteamericano (Regreso al Futuro), enfermo de Parkinson y actualmente director de una fundación para la investigación sobre esta enfermedad:

“Si usted se presentara ahora mismo en esta habitación y me dijera que ha hecho un trato con Dios, Alá, Buda, Cristo, Krisna, Bill Gates o quien fuese, según el cual podría borrar los 10 años siguientes a mi diagnóstico, y cambiármelos por 10 años más de la persona que yo era entonces, le diría, sin dudarlo ni un instante, que se fuera a paseo”.

Olga. 39 años. Directora general del Dpto. de Comunicación y Marketing de una importante empresa multinacional. Hace nueve años se quedó embarazada de trillizos. El primero murió al nacer; el segundo, a los 5 meses y el tercero antes del año, todos ellos víctimas de una enfermedad de raíz genética. Tres años después, volvió a quedarse embarazada. Hoy tiene una niña de 5 años de edad, sana y vital:

“La muerte de mis tres hijos es irreparable y estoy segura de que nunca podré superarlo. Pero hay una cosa que me queda. Ahora sé qué es lo importante. Soy mejor persona, de eso estoy segura. No necesito ganar más dinero, no quiero dedicar mi vida a ganar más dinero. Ahora sé que la vida es otra cosa. Mi hija es lo primero; pasear con ella y que sonría y verla crecer es lo más importante. Trabajo menos para ser más feliz. La pérdida de mis hijos (…) fue la mayor tragedia que cualquier persona pueda sufrir, pero me ha cambiado para bien, me he dado cuenta de que soy más feliz con un paseo por el Retiro con mi hija que trabajando de sol a sol para conseguir un coche o una casa mejor. ¡Ojalá lo hubiese sabido antes!”

Un suceso traumático es un acontecimiento estresante que irrumpe con fuerza en la vida de la persona, trastocando completamente su vida y suponiendo un “antes y un después” en la misma. Se trata de una situación que desborda plenamente al individuo, dejándole en un estado de absoluta indefensión y vulnerabilidad. Supone un cambio muy importante a nivel psicológico y de identidad, ya que se produce una total ruptura de toda la vida que hasta entonces tenía esa persona formada, lo cual supone un volver a empezar. Pero, ¿en qué consiste este “volver a empezar”?

La metáfora del Ave Fénix

Antiguas leyendas hablan de la existencia de un ave mitológica, conocida con el nombre de Fénix, la cual poseía la extraordinaria capacidad de, una vez llegada su muerte, arder hasta consumirse, para posteriormente resurgir, renaciendo nuevamente de sus propias cenizas. Además, también se decía que sus lágrimas poseían poderes curativos.

Esta acertada metáfora ilustraría lo que desde la psicología se conoce con el nombre de crecimiento postraumático, y daría cuenta de todos esos cambios de carácter positivo que las personas pueden llegar a experimentar tras haber vivido un suceso traumático.

Los seres humanos poseemos una capacidad de adaptación muy fuerte que nos permite sobreponernos ante la adversidad y, en muchos casos, salir fortalecidos de la misma. De esta forma, es común que ante situaciones de carácter aversivo las personas encuentren nuevas habilidades y fortalezas características de su personalidad que no conocían hasta entonces.

De hecho, existe la llamada “hipótesis de la adversidad”, la cual postula que las personas necesitarían en su vida adversidades, problemas e incluso traumas para alcanzar así los máximos niveles de fortaleza y desarrollo personal, a través de la puesta en marcha en el individuo de estas habilidades y recursos de afrontamiento hasta entonces latentes. Por tanto, esta hipótesis, si bien posee un carácter algo exagerado, nos encamina hacia la idea de que ninguna persona sabe lo que es capaz de soportar hasta que se expone a ello, hasta que vive una determinada situación, pues es probable que, al no haber vivido algo parecido, nunca haya tenido la oportunidad de descubrir dentro de sí misma estas fortalezas ocultas. No obstante, cabe destacar que no es el suceso en sí lo que hace que la persona llegue a este nivel y alcance este crecimiento, sino el modo en que dicha persona afronta la experiencia estresante.

De esta forma, una de las lecciones que algunas personas suelen concluir tras vivir un duelo (situación de pérdida) o una experiencia traumática, es que son mucho más fuertes de lo que en un principio creían y, en efecto, la nueva apreciación de esta fuerza interior les da confianza para enfrentar futuros desafíos. Así, se ha visto cómo las personas que han pasado por algunas de estas situaciones, una vez superadas y desarrollado su posterior crecimiento postraumático, parecen estar “vacunadas” contra futuros traumas; se recuperan más rápidamente, en parte, porque saben que pueden hacerlo.

Fuente: http://www.psicologosmadridcapital.com/blog/efecto-fenix-resurgir-cenizas/